Inauguramos esta nueva sección del blog inspirada por la entrada "Héroes sin portada" del blog Translatio, del cual es reina y señora nuestra amiga y compañera traductora SRodera. Si el tema de nuestro blog no fuera la traducción, sino la literatura, el cine o la música, hablaríamos de personajes famosos. Por desgracia, en la traducción, en contadísimas ocasiones se puede hablar de traductores "famosos" para alguien que no sea a su vez traductor. Por eso, hablaremos de "traductores envidiables": gente que, por la importancia de las obras que tradujo o la "prolificidad" de su actividad profesional, nos inspira y nos da un poco de sana envidia. Y vamos a inaugurar esta sección con nada menos que Matilde Horne.
Matilde Zagalsky (Horne era el apellido de su marido, que utilizaba como pseudónimo) nació en Buenos Aires en el aciago año de 1914, y falleció hace unos cuatro años, el 10 de junio de 2008. Tradujo literatura incansablemente hasta que la vista se lo impidió, y su obra comprende más de 70 títulos. Sin duda destaca por haber traducido, junto con el editor Francisco Porrúa, el segundo y el tercer volumen de El señor de los anillos (Las dos torres y El retorno del rey, respectivamente), pero también tradujo a Ray Bradbury, James Baldwin o Ursula K. Leguin. Cuando ya no pudo seguir traduciendo por problemas de visión, tuvo que retirarse y pasó sus últimos años en una residencia de ancianos de Ibiza. ¿Por qué, os preguntaréis? ¿Por qué, cuando hace unos pocos años las películas de El señor de los anillos provocaron unas ventas brutales de los libros de Tolkien? Esta buena mujer habrá percibido su parte del pastel, diréis. Pues yo os lo cuento. En 2001, el editor Porrúa, amigo de Matilde Horne, vendió su editorial, Ediciones Minotauro, a Planeta, y le dio a Matilde un finiquito de 6.000 euros, por 50 años de traducciones. Planeta quería las obras libres de derechos de autor. La traductora siguió peleando y consiguió 1.000 miserables euros al año por las ventas y beneficios de los libros (estamos hablando de millones y millones de ejemplares y beneficios). Un ejemplo de injusticia y de invisibilidad del traductor del que todos deberíamos tomar buena nota: una mujer que ayudó a difundir una obra semejante, cuyo trabajo se sigue utilizando constantemente y se adoptó en el doblaje de las películas, ninguneada y recluida en una residencia para dejarse morir, mientras otras personas se llenan los bolsillos y los ojos les hacen chiribitas En sus últimos años, Matilde no quería acordarse más ni de Planeta, ni de Tolkien, ni de El señor de los anillos. Pero tranquilos, que ya nos acordamos todos los traductores por ella (y también de ella).


1 comentario:
"pero también tradujo a Ray Bradbury, James Baldwin o Ursula K. Leguin" ¡Yo de mayor quiero ser como esta mujer!
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