BLOG SOBRE TRADUCCIÓN Y TODO LO QUE ABARCA, DESDE LA HUMILDE PERSPECTIVA DE UN ESTUDIANTE Y FUTURO TRADUCTOR NOVEL

viernes, 15 de febrero de 2013

Reflexiones lingüísticas desde Portugal


Me resulta muy complicado hablar en otros idiomas y utilizar sus acentos respectivos. No es que no los conozca, no es que no sepa cómo pronunciar el inglés, el francés o el portugués, es sólo que, a la hora de hablar con otra persona, especialmente cuando sabe cuál es mi nacionalidad y mi lengua materna, es como si me diera vergüenza utilizar el acento correcto. En vez de eso, hago una especie de medio acento mezclado con pronunciación a la española. Por supuesto, se trata sólo de falta de práctica y de pánico escénico, pero me amarga la existencia. Especialmente en el caso de portugués, pues se trata de una lengua que usa palabras muy similares a las del castellano, y tengo una tendencia muy fuerte a pronunciar los sonidos españoles (las vocales que no deberían sonar, etc.). Y resulta muy descorazonador darse cuenta de que de gramática y vocabulario voy bien, que a la hora de entender no tengo ningún problema, pero que en la pronunciación soy un zote. Y no mejora la situación el hecho de que Portugal esté lleno de españoles, ni que muchísimos portugueses hablen español e insistan en practicarlo. Cuando escogí el portugués por ser una lengua cercana al español, y por tanto más fácil de aprender, no pensé en esto.

Pero en fin, también hay que recordar que hace dos años que tenía el portugués aparcado, y que lo he retomado hace seis días escasos, y que no fue hasta ayer que me volví a leer los apuntes. Pero me toca mucho las narices, porque la gente es muy soberbia, y te miran con conmiseración cuando les dices el tiempo que llevas aprendiendo el idioma, como diciendo que los resultados dejan mucho que desear. He dicho. Como veis, no todo es de color de rosa en Portugal, ni siquiera hoy, que es San Valentín, pero se trata de cosas personales, no es culpa de nadie, o como mucho, sólo mía.

Un último pensamiento: muchos portugueses, cuando intentan hablar en español, dejan ver la opinión que tienen sobre la sonoridad de nuestra lengua. Cada vez que tienen que pronunciar una s, la cambian, si pueden, por una z. De esta forma, tenemos palabras como zezenta, que provocan, cuando no una silenciosa carcajada, al menos una sonrisa.

Saludos.

No hay comentarios: