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viernes, 7 de junio de 2013

Lengua portuguesa

Siempre he pensado que la lengua portuguesa tenía un no sé qué medieval, antiguo. Será quizá por culpa de algunas palabras, como filho (hijo), formoso (hermoso) o farinha (harina), que mantienen la "f" que nosotros hemos convertido en "h", o de otras como pescoço (cuello), capacete (casco), calças (pantalones) o joelho (rodilla, posiblemente relacionada con la palabra hinojos). Los portugueses conservan también el futuro de subjuntivo (nuestro “quisieres”, “vinieres", que tanto se relaciona con el castellano antiguo) y lo utilizan con asiduidad. Lo curioso fue comprobar, gracias a algunos amigos, que para los portugueses, el castellano también suena medieval a veces, como a portugués antiguo. Y es interesante pensar que una lengua común a los dos pueblos fue evolucionando de forma distinta en cada lugar: en Portugal, ciertas palabras se mantenían en su forma original, y otras evolucionaban; en España, ocurría lo mismo, pero no necesariamente con las mismas palabras. De forma que, estudiando ambas lenguas en conjunto, podemos aprender mucho sobre esa lengua originaria.

De la lengua portuguesa destaco tres elementos que me parecen muy útiles en el discurso, algunos por su versatilidad, otros por presentar mayor facilidad y menos excepciones que en el castellano.

En primer lugar, el infinitivo personal. En portugués, el infinitivo se puede flexionar en la segunda persona del singular y la primera y tercera persona del plural. Con ciertas construcciones (algunas preposiciones, por ejemplo), resulta mucho más rápido y sencillo utilizar el infinitivo que el subjuntivo (conjuntivo, en portugués). Me explico: en español podemos decir “para que vengas” o podemos decir “para venir”. La primera forma deja bien claro cuál es el sujeto de la acción, pero debe ser conjugado correctamente; la segunda forma es invariable (y sencilla), pero el sujeto de la acción no está definido: no sabemos quién viene. En portugués, tenemos una opción intermedia: para vires. Es un infinitivo, y como tal no sufre ningún tipo de flexión verbal, pero el sufijo es indica claramente que se trata de la segunda persona del singular. Una forma verbal muy útil y cómoda de utilizar, si bien es cierto que al añadir el futuro de subjuntivo se empantana todo un poco debido a la semejanza entre ambas formas.

En segundo lugar, la expresión dar para y não dar para, que tiene muchos significados: "ser suficiente", "tener aptitudes", "haber espacio"… en general, establece la posibilidad o imposibilidad de hacer algo, gracias a las características de la situación o de la persona (no es una prohibición externa). En español podríamos utilizar “se puede”, pero su uso no es completamente simétrico. Esta expresión portuguesa es muy breve y extremadamente polivalente.

En tercer lugar, la preposición a delante de los complementos directo e indirecto. En español, tenemos un cacao tremendo en ese aspecto. Cuando el complemento es un nombre de persona, siempre se incluye una preposición a, incluso si se trata de un complemento directo. Ejemplos: "agarrar a Juan", "vender a Pedro a los esclavistas", "mandar a Cersei a la mierda", "atender a los clientes"… Esto provoca muchísimas confusiones a la hora de saber si un complemento es directo o indirecto, y en consecuencia, si debe ser sustituido por “lo” o por “le”, lo cual da pie al leísmo, laísmo y loísmo. En portugués, gracias a Dios, cuando un complemento es directo, prácticamente nunca lleva una preposición: mandar Cersei à merda, vender Pedro aos escravistas, atender os clientes, etc. Esto puede resultar confuso al principio, pero no supone más que ventajas a la hora de aprender y hablar portugués.

1 comentario:

Rodrigo Gutiérrez dijo...

En italiano los objetos directos tampoco llevan la preposición "a" en el caso de personas.
Será una de las incomprensibles gracias de la gramática española.