Hemos tenido que hacer una práctica de post-edición. Básicamente, se basa en hacer modificaciones sobre el texto original, con la intención de que la traducción automática obtenga mejores resultados. Se trata de modificar, repito, el texto original, para ponérselo más fácil al traductor automático. Y me da miedo. No porque crea que nos va a quitar el trabajo, porque está más que claro que el resultado que da en muchos casos no es publicable (todavía). Lo que me da miedo es que se convierta en una práctica habitual que el texto original y el traductor se tengan que amoldar al programa informático, que el papel principal de la función nos lo arrebate el Google Translator, que se convierta en la práctica habitual. Estoy casi seguro de que la traducción literaria o los guiones de cine, por ejemplo, no podrán ser traducidos por una máquina, pero en lo tocante a traducciones jurídicas, económicas, técnicas y científicas, no estoy tan seguro, porque he probado las cuatro, y he comprobado que a menudo son mecánicas y repetitivas, justo como los resultados que suele ofrecer un traductor automático. No sé, es sólo un pensamiento, ahí lo dejo.
2 comentarios:
No me deja indiferente tu reflexión... A ver si me voy a tener que poner a estudiar otra cosa... jeje
Ey, un comentario! Pues ya es un poco tarde para cambiar de estudios, no?
Publicar un comentario