BLOG SOBRE TRADUCCIÓN Y TODO LO QUE ABARCA, DESDE LA HUMILDE PERSPECTIVA DE UN ESTUDIANTE Y FUTURO TRADUCTOR NOVEL

sábado, 7 de diciembre de 2013

Traductores envidiables: Ángel Crespo


Como sabréis si seguís mi blog principal, acabo de terminar de leer la primera parte de la Divina Comedia de Dante, el Infierno, y me ha dejado muy impresionado. Pero no sólo la obra en sí, sino la traducción. Es una traducción magnífica, que respeta los versos y la rima, y que mantiene la forma original casi en su totalidad. Comparar una página en italiano y otra en español era como mirar el reflejo del espejo. La elección de palabras es completamente natural, casi evidente, pero al mismo tiempo, quienes hemos intentado traducir poesía (aunque sólo fuera como práctica durante la carrera) sabemos que es una pesadilla, de modo que leer esta traducción para mí es… como si fuera cosa de brujas.

Pero resulta que el traductor es Ángel Crespo. ¿Que quién fue Ángel Crespo? Ensayista, traductor y crítico de arte. El renovador de la cultura española de la posguerra. Poeta. Sin duda ésa es la clave: Ángel Crespo fue poeta.

Y encima era todo un señor

Uno de los debates sin solución del campo de la traducción (y hay muchos) es el problema de la traducción de poesía. Si mantener el sentido de un texto al pasarlo de una lengua a otra ya es complicado, imaginaos cuando ese sentido no está claro, cuando la interpretación del texto es una necesidad. En realidad, siempre lo es, el lector interpreta el texto a su manera siempre, pero en el caso de la poesía es mucho más evidente.

Recuerdo la clase de Lengua y Literatura, cuando nos dijeron que, en la poesía de Lorca, el verde era la muerte, el barco era la muerte y el caballo era la muerte. ¿Por qué? ¿Quién lo dice? Yo cuando pienso en el verde o en un barco no me viene a la mente la imagen de la muerte. ¿Debo aceptar sin más que ese misterio ya ha sido descifrado? ¿No puedo hacer mi propia lectura del texto, debo entender que lo que a mí me sugiere un poema es incorrecto? ¿Por qué he de aprenderme de memoria la explicación que hacen otras personas de un poema y exponerla como si fuera mía? Esa clase de preguntas son las que suscita la poesía.

Si hablamos de la traducción de poesía, una de las “soluciones” parecer ser esta: el traductor de poesía debe ser también poeta. Pero yo no lo termino de ver claro (atención al trabalenguas): sin duda, la traducción de un poeta por parte de un traductor poeta será poética, pero no lo será de la misma forma. Nos transmitirá la poesía del traductor, no la del autor. Por el mismo motivo por el que cada lector interpreta la poesía de una forma, cada traductor poeta la interpretará de una forma y la traducirá de una forma. La única ventaja que tiene el “traductor-poeta” es darle a la obra ese carácter poético, ambiguo y sugerente, pero quien piense que equivale a la obra original, se engaña en la mayor parte de los casos. Ésta ha sido siempre mi posición respecto a esta cuestión. Hasta ahora. Tenía que venir Ángel Crespo a romperme los esquemas y cerrarme la boca.

Como iba diciendo antes de que me interrumpiera a mí mismo con estériles debates sobre traductología, Ángel Crespo nació en Ciudad Real en 1926 y falleció en 1995. Además de una nutrida obra literaria propia, en la que destaca la poesía, y algunos ensayos, Crespo tradujo del  portugués y el italiano y, en menor medida, del francés y el inglés. Tradujo a Pessoa, varias antologías poéticas portuguesas y brasileñas, el Cantar de Roldán y, sobre todo, a Dante y Petrarca. Como veis, prácticamente todo es poesía. Fundó varias revistas de literatura y cultura y se considera una figura vital de la cultura española de los años 50 y 60. Y os puedo decir que todo eso se lo ganó a pulso, porque la traducción de Infierno es una obra de arte, merecedora del Premio de los Lectores y Libreros italianos, la Medalla de Oro della Nascita di Dante y la Medalla de Plata de la Universidad de Venecia. Ganó el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cancionero de Petrarca.

Amante desde pequeño de la mitología clásica, Crespo muestra un total dominio y conocimiento de las múltiples referencias de Infierno, y en sus notas a pie de página queda patente que el traductor sabe lo que está traduciendo. Ofrece diversas interpretaciones de algunos pasajes, explica el porqué de sus decisiones dentro de la obra y, como he dicho al principio de esta entrada, y citando esta vez la contraportada del libro, "Su trasvase metrificado y rimado del Infierno dantesco depara al lector un verdadero Dante castellano, difícil cúspide de la exigencia y de la más sutil maestría expresiva".


Es verdaderamente un traductor envidiable, todo lo que se puede aspirar a ser en esta profesión. No puedo esperar a leer las dos partes siguientes de la Divina Comedia, su versión del Cantar de Roldán y el Libro del Desasosiego de Pessoa.

jueves, 3 de octubre de 2013

Inscrito en METAV

Pues sí, ya estoy inscrito en el METAV, el Máster Europeo de Traducción Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona. ¡Y empezamos ya mismo! Por desgracia, hasta que vuelva a instalarme en Oporto, voy a estar un poco disperso, pero haré todo lo posible por ir al día y familiarizarme con la plataforma online. Por lo que estoy viendo, va a hacer falta currar, tal y como esperaba. Así que vamos a por ello, con ganas de aprender y curiosidad. Con un poco de suerte, reviviré el blog de traducción gracias al máster. ¡Os mantendré al día!

viernes, 7 de junio de 2013

Lengua portuguesa

Siempre he pensado que la lengua portuguesa tenía un no sé qué medieval, antiguo. Será quizá por culpa de algunas palabras, como filho (hijo), formoso (hermoso) o farinha (harina), que mantienen la "f" que nosotros hemos convertido en "h", o de otras como pescoço (cuello), capacete (casco), calças (pantalones) o joelho (rodilla, posiblemente relacionada con la palabra hinojos). Los portugueses conservan también el futuro de subjuntivo (nuestro “quisieres”, “vinieres", que tanto se relaciona con el castellano antiguo) y lo utilizan con asiduidad. Lo curioso fue comprobar, gracias a algunos amigos, que para los portugueses, el castellano también suena medieval a veces, como a portugués antiguo. Y es interesante pensar que una lengua común a los dos pueblos fue evolucionando de forma distinta en cada lugar: en Portugal, ciertas palabras se mantenían en su forma original, y otras evolucionaban; en España, ocurría lo mismo, pero no necesariamente con las mismas palabras. De forma que, estudiando ambas lenguas en conjunto, podemos aprender mucho sobre esa lengua originaria.

De la lengua portuguesa destaco tres elementos que me parecen muy útiles en el discurso, algunos por su versatilidad, otros por presentar mayor facilidad y menos excepciones que en el castellano.

En primer lugar, el infinitivo personal. En portugués, el infinitivo se puede flexionar en la segunda persona del singular y la primera y tercera persona del plural. Con ciertas construcciones (algunas preposiciones, por ejemplo), resulta mucho más rápido y sencillo utilizar el infinitivo que el subjuntivo (conjuntivo, en portugués). Me explico: en español podemos decir “para que vengas” o podemos decir “para venir”. La primera forma deja bien claro cuál es el sujeto de la acción, pero debe ser conjugado correctamente; la segunda forma es invariable (y sencilla), pero el sujeto de la acción no está definido: no sabemos quién viene. En portugués, tenemos una opción intermedia: para vires. Es un infinitivo, y como tal no sufre ningún tipo de flexión verbal, pero el sufijo es indica claramente que se trata de la segunda persona del singular. Una forma verbal muy útil y cómoda de utilizar, si bien es cierto que al añadir el futuro de subjuntivo se empantana todo un poco debido a la semejanza entre ambas formas.

En segundo lugar, la expresión dar para y não dar para, que tiene muchos significados: "ser suficiente", "tener aptitudes", "haber espacio"… en general, establece la posibilidad o imposibilidad de hacer algo, gracias a las características de la situación o de la persona (no es una prohibición externa). En español podríamos utilizar “se puede”, pero su uso no es completamente simétrico. Esta expresión portuguesa es muy breve y extremadamente polivalente.

En tercer lugar, la preposición a delante de los complementos directo e indirecto. En español, tenemos un cacao tremendo en ese aspecto. Cuando el complemento es un nombre de persona, siempre se incluye una preposición a, incluso si se trata de un complemento directo. Ejemplos: "agarrar a Juan", "vender a Pedro a los esclavistas", "mandar a Cersei a la mierda", "atender a los clientes"… Esto provoca muchísimas confusiones a la hora de saber si un complemento es directo o indirecto, y en consecuencia, si debe ser sustituido por “lo” o por “le”, lo cual da pie al leísmo, laísmo y loísmo. En portugués, gracias a Dios, cuando un complemento es directo, prácticamente nunca lleva una preposición: mandar Cersei à merda, vender Pedro aos escravistas, atender os clientes, etc. Esto puede resultar confuso al principio, pero no supone más que ventajas a la hora de aprender y hablar portugués.

martes, 7 de mayo de 2013

Translator's Lament

Un bonito poema de J. H. Hayes:


TRANSLATOR’S LAMENT

To be a translator, believe me it’s sad,
To be a translator, you have to be mad-
Who else would sit in a room
Encased in loneliness more like a tomb?

Who else would fondle a microphone cable
Or typewriter keyboard when perfectly able
To fondle some better more pliant device?
(It happens to others, they say it’s quite nice.)

Who else would apply so much love, care, devotion
To something that is another man’s notion?
Who else would spend hours to seek out one word
Just to ensure he writes nothing absurd?

Who else would read carefully through some epistle
Produced by a half-wit who had better whistle
Than write rotten copy that doesn’t mean much,
Yet expects a translation in, say, perfect Dutch?

Who else would accept that every job’s hot
When he knows that it’s probably not
And flog himself silly to see the work through
Then wait for three months not collecting one sou?

Who else would put up at social occasions
With statements like: “Oh, you do translations.-
There’s not much to that, after all it’s your lingo,
So where are the problems, why labour that thing so?”

Who else would be willing each day of the year
To sit exam where the pass-mark’s a mere
One hundred percent or perhaps just below?
If you think that’s easy, why not have a go?

And yet it’s a challenge which on reflection
Provides enormous job satisfaction.
Those who enjoy it will never desert
The odd fascination of the “foreign” word
-Wort, oh what the hell…



sábado, 4 de mayo de 2013

Acentos y marcas en portugués


Según nos han explicado en clase (y basándose en gramáticas portuguesas), en portugués existen tres acentos: el acento agudo ´, el grave ` y el circunflejo ^.  Además, existe un símbolo llamado til, que nasaliza las vocales  ~. Al til no se le considera acento, sino marca. Pero yo no le veo mucho sentido. Veréis por qué:





El acento agudo y el circunflejo son acentos de pleno derecho: marcan la sílaba tónica y, respectivamente, abren o cierran la vocal de la misma (pássaro, avô…). El acento grave, por el contrario, en portugués sólo se utiliza para unir una preposición a con ciertas palabras que también empiezan por a (los artículos a o as, la palabra aquele o aquela…). Pero este acento no marca la sílaba tónica, no tiene esa función: la palabra àquele (a + aquele) no lleva la sílaba tónica en la sílaba acentuada (à) sino en la penúltima (que), que es átona. Por lo tanto, el acento grave en portugués no tiene nada de acento, es una marca. Vamos ahora a hablar del til:

En una palabra como amanhã (acentuada en la última sílaba), el til no sólo sirve para nasalizar la última vocal. Si ese símbolo no estuviera ahí, la sílaba tónica de la palabra sería la penúltima (ma). Igual que en español, la sílaba tónica por defecto es la penúltima. De modo que el til es el que nos marca, en este caso, cuál es la sílaba tónica. ¿No es esa la función de un acento gráfico? ¿De dónde se sacan, entonces, que el til es sólo una marca, y el acento grave es un acento de pleno derecho? ¿Qué es lo que está pasando aquí?

Existen también varios argumentos en contra de la consideración del til como acento: presenta ciertos comportamientos impropios de los acentos. Primero, puede llevarlo una sílaba átona (órgão, sótão…). Segundo, puede aparecer varias veces en la misma palabra (alemãozão). Tercero, no desaparece cuando la palabra cambia de sílaba tónica por la adición de un sufijo (irmã – irmãzinha). Argumentos definitivos y convincentes que, sin embargo, chocan con el ejemplo de amanhã.

Como vemos, el til es un símbolo con varias funciones: una de nasalización, y otra de acentuación. Y lo interesante es que funcionan por separado: es innegable que en la palabra amanhã, es el til lo que nos acentúa la palabra, como también es innegable que en los otros ejemplos, no tiene nada que ver con la señalización de la sílaba tónica. Quizá la única solución que se me ocurre es que en los casos en que el til acentúa la palabra, lo que en realidad sucede es que, como la misma letra no puede llevar dos acentos, predomina el que nasaliza, dándose por supuesto el otro, que estaría ahí si la vocal no fuera nasal. Un simple caso de falta de espacio y de orden jerárquico de símbolos.

En cualquier caso, el acento grave portugués no es tal acento, sino una marca, como el til.


miércoles, 24 de abril de 2013

Sobre la pronunciación del inglés en España y Portugal



Por si no lo sabíais, en Portugal ven todas las series y películas en versión original, con subtítulos. Nosotros, en cambio, lo doblamos todo al castellano, y eso tiene varias consecuencias. En primer lugar, la falta de familiaridad con el inglés, que provoca una considerable dificultad a la hora de aprender el idioma, sobre todo en comparación con nuestros vecinos lusos. En segundo lugar, y de eso quería hablar hoy, la pronunciación que hacen los portugueses del inglés, que es siempre a la inglesa, salvo algunos sonidos (como la hache, que la hacen muda y no aspirada, pronunciando "Hard Rock" como "Ard Rock"). Nosotros (o más bien, nuestros dobladores) adaptamos los nombres propios ingleses a la fonética del castellano. Esto consigue que cuando un portugués me habla de un grupo musical, una serie o un actor, no consigo entender nada, ni él tampoco. Pongo un par de ejemplos con escritura fonética de cosecha propia:

Warhammer: en portugués, se diría “guorama”, mientras que en español decimos “guarjamer”. Fijaos en que ellos no pronuncian la hache aspirada (un punto a nuestro favor).

Jack Black: en portugués, se diría “Shek Blek”, mientras que en español es “Yak Blak”.

Anvil: un portugués diría “Énfil”, pero yo digo “Ámbil”.

Stuart Little: “Stuor Lirel” frente a “Estúar Lítel”.


Y todo esto, como digo, viene de la mayor familiaridad de los portugueses con el inglés, al contrario que nosotros, que casi sentimos vergüenza al pronunciar una palabra a la inglesa delante de más gente. Esto supone una ventaja tremenda a la hora de aprender el idioma, claro. Dicho queda.


Inglis

domingo, 24 de marzo de 2013

El núcleo del sintagma




El otro día estábamos en clase de portugués y nos surgió una cuestión: en una frase como La mayoría de los portugueses piensa que [...], ¿qué es lo correcto? ¿Piensan o piensa? En principio, se aceptan los dos casos. Todo depende de qué es lo que consideremos "núcleo" del sintagma, la parte principal, en torno a la cual gira todo lo demás. ¿Es La mayoría de los portugueses un tipo de mayoría, o un tipo de portugués?

Otros ejemplos serían: un grupo de, el 20% de, etc. Lo que voy a intentar demostrar es que este tipo de sintagmas son en realidad determinantes compuestos, una especie de "determinante perifrástico". 

Yo diría que la mayoría de no es muy distinto a otros determinantes como cuatro. A efectos sintácticos, lo único que hacemos es cuantificar un sustantivo, portugueses. ¿Qué diferencia sintáctica hay entre dos portugueses, casi todos los portugueses y la mayoría de los portugueses? Ninguna. De modo que el primer análisis:

la     mayoría   de los portugueses
det.   núcleo          adyacente

que pone a la mayoría como parte vital del sintagma, y a de los portugueses como un simple adyacente que se puede eliminar (no confundamos omitir con eliminar: omitimos por comodidad, cuando decimos la mayoría está a favor, pero eso no quiere decir que de los portugueses no siga por ahí oculto, listo para retomar el trono del sintagma, y con él, la concordancia con el verbo, en cuanto le dejen volver), estaría en mi opinión errado. El más correcto sería este segundo análisis:

la mayoría de  los  portugueses
       det.         det.      núcleo

así, este determinante compuesto se puede sustituir por otros (una parte de, cuatro, etc.), y se respeta la realidad sintáctica del sintagma: ¡el núcleo es el que es! 

Eso es todo, amigos. Volveremos pronto con más apasionantes cuestiones sintácticas.¡Saludos!

sábado, 9 de marzo de 2013

Ola k mal ablas - Capítulo 1





¡Inauguramos sección nueva! Todos sabemos que el idioma cambia continuamente, que es inevitable que las palabras cambien de forma, que es la lengua escrita la que debe adaptarse a la lengua hablada… Todo eso ya lo sé, pero quiero hacer una parada de emergencia. Quietos. Quietos todos. Poned en pausa el MP3, el vídeo de Youtube o lo que sea que estéis haciendo. ¿Ya está? Gracias. Hay ciertas cosas que están ocurriendo que ni yo puedo tolerar ni nadie debería. Y son éstas:

1 - “Al igual”: por alguna razón, se está extendiendo el uso de “al igual” para expresar rechazo: “Al igual me quedo en ese hotel tan sucio”. No. NO.


2 - “Rotundamente” / “en redondo”: ambas expresiones se pueden unir al verbo “negar” para darle un sentido de énfasis: “negarse rotundamente”, “negarse en redondo”. Lo que no se debe hacer es mezclarlas y construir nuestras propias expresiones, a saber: “en rotundo” y “redondamente”.


3 - El posesivo después de adverbios: para empezar, no es bonito que digamos decir “encima mío” o “delante mío”, pero ya el colmo de los colmos es convertirlo en “encima mía” o “delante mía” (y no digamos si el hablante ni siquiera es de sexo femenino). Lo correcto es “encima de mí” (eso dijo ella).


4 - Los artículos y las palabras que empiezan por “a”: cuando tenemos una palabra que empieza por “a”, como “hacha”, “arma”, “águila”, “agua” utilizamos en algunos casos los determinantes masculinos para evitar la cacofonía. De este modo, diremos “el hacha”, “el arma”, “el águila” o “el agua”. 

Lo que no debemos hacer es suponer que debido a esto, el género de esas palabras es masculino. Para comprobarlo, basta con añadir un adjetivo con género: “el hacha afilada” y no “el hacha afilado”, “el arma mortífera” y no “el arma mortífero”, “el águila voladora” y no “el águila volador” o “el agua salada” y no “el agua salado”. Además, este cambio de género en el determinante se lleva a cabo con el artículo determinado, que sólo tiene una sílaba. Si utilizamos un demostrativo, un artículo indeterminado o cualquier otro que tenga la sílaba tónica en otro lugar, no es necesario cambiar el género, ya que no se crea ninguna cacofonía. De este modo, resulta: “esta hacha”, “un/una hacha”, “esta arma”, “un/una arma”, etc. REPITO: este cambio en el género del determinante es una cuestión fonética, y de ningún modo se modifica el género de la palabra.

Hasta aquí el primer capítulo de nuestra nueva sección, hoy hemos tenido la inestimable colaboración de Teresa Ballesteros, amiga y compañera de carrera que regenta el blog Palabras x el mundo. Si alguien está interesado en compartir con el mundo los horrores más notorios de la lengua española, estoy abierto a las colaboraciones.

Saludos.

viernes, 15 de febrero de 2013

Reflexiones lingüísticas desde Portugal


Me resulta muy complicado hablar en otros idiomas y utilizar sus acentos respectivos. No es que no los conozca, no es que no sepa cómo pronunciar el inglés, el francés o el portugués, es sólo que, a la hora de hablar con otra persona, especialmente cuando sabe cuál es mi nacionalidad y mi lengua materna, es como si me diera vergüenza utilizar el acento correcto. En vez de eso, hago una especie de medio acento mezclado con pronunciación a la española. Por supuesto, se trata sólo de falta de práctica y de pánico escénico, pero me amarga la existencia. Especialmente en el caso de portugués, pues se trata de una lengua que usa palabras muy similares a las del castellano, y tengo una tendencia muy fuerte a pronunciar los sonidos españoles (las vocales que no deberían sonar, etc.). Y resulta muy descorazonador darse cuenta de que de gramática y vocabulario voy bien, que a la hora de entender no tengo ningún problema, pero que en la pronunciación soy un zote. Y no mejora la situación el hecho de que Portugal esté lleno de españoles, ni que muchísimos portugueses hablen español e insistan en practicarlo. Cuando escogí el portugués por ser una lengua cercana al español, y por tanto más fácil de aprender, no pensé en esto.

Pero en fin, también hay que recordar que hace dos años que tenía el portugués aparcado, y que lo he retomado hace seis días escasos, y que no fue hasta ayer que me volví a leer los apuntes. Pero me toca mucho las narices, porque la gente es muy soberbia, y te miran con conmiseración cuando les dices el tiempo que llevas aprendiendo el idioma, como diciendo que los resultados dejan mucho que desear. He dicho. Como veis, no todo es de color de rosa en Portugal, ni siquiera hoy, que es San Valentín, pero se trata de cosas personales, no es culpa de nadie, o como mucho, sólo mía.

Un último pensamiento: muchos portugueses, cuando intentan hablar en español, dejan ver la opinión que tienen sobre la sonoridad de nuestra lengua. Cada vez que tienen que pronunciar una s, la cambian, si pueden, por una z. De esta forma, tenemos palabras como zezenta, que provocan, cuando no una silenciosa carcajada, al menos una sonrisa.

Saludos.