BLOG SOBRE TRADUCCIÓN Y TODO LO QUE ABARCA, DESDE LA HUMILDE PERSPECTIVA DE UN ESTUDIANTE Y FUTURO TRADUCTOR NOVEL
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miércoles, 30 de mayo de 2012

Segundo desaliento de la interculturalidad

El otro día os hablé de algo que me pasó en el tren, cuando asistí a una discusión entre dos personas de distintas culturas y grupos de edad. Y me he acordado de algo similar que me pasó en primaria, y he pensado en contarlo aquí. Los protagonistas son dos buenos amigos míos, Mohamed y Rodrigo. Estábamos en clase y el profesor había salido un momento. Por supuesto, todos empezamos a parlotear y a hacer el salvaje. En un momento dado, alguien dijo cualquier tontería y Rodrigo se puso colorado. Mohamed se rió y le dijo a Rodrigo: "Te has puesto rojo". Rodrigo contestó: "Claro, tú no te pones rojo, ¡como eres negro!" 

A ver, estaba claro que Rodrigo sólo hacía una referencia inocente a que el color de piel más oscuro de Mohamed impedía que se notase que se había puesto rojo, pero nadie lo entendió así (supongo que creían que se refería a que no tenía vergüenza o alguna chorrada similar). Cuando llegó el profesor, todo el mundo se lo contó, a su manera, y Rodrigo se ganó una buena bronca y que lo tacharan de racista una temporada.

domingo, 13 de mayo de 2012

Desaliento de la interculturalidad

Hola a todos. Desgraciadamente, no he sido capaz de descargarme la demo que iba a analizar, de modo que tenemos que cambiar los planes y hablar de otro tema. Ayer volví a mi casa en tren, y en el Cercanías viajaba un señor de cabello entrecano, sienes de plata como dirían los griegos. A mi lado estaban sentados dos personas de color (de color negro). Como sabréis todos los que tomáis el tren con cierta frecuencia, la tendencia de esas culturas es a hablar muy alto y muy fuerte. Lo cierto es que en España también hablamos escandalosamente alto, nada que ver con Portugal o Francia, donde el metro es un lugar silencioso como velatorio. 

Estamos ya cansados de estudiar en clase la interculturalidad, la mediación entre grupos con costumbres diferentes, la forma en que se puede conseguir que se entiendan mutuamente y no se produzcan conflictos. La esencia de la traducción y de la interpretación es poner en contacto mensajes o personas que sin nuestra ayuda nunca lo conseguirían, o al menos no sin sangre de por medio. Y es muy bonito todo, y salimos de clase dispuestos a mediar en un debate entre esquimales y aborígenes australianos. Pero lo que vi yo ayer era descorazonador. Allá va:

El señor entrecano increpó a los dos chicos para que bajaran la voz. Lo hizo con voz cansada y enfadada. Ellos no le entendieron en absoluto, sólo percibieron el tono de su voz, y empezaron a quejarse de que el anciano era un racista, que no los consideraba iguales a él. El señor, como es evidente en este triste relato, tampoco los entendía bien a ellos, así que les dijo que él por lo menos tenía educación. Siguieron intercambiando duras palabras que no entendían, y llegaron incluso a los gestos obscenos. Yo entendía a ambas partes, y no sólo lingüísticamente: el anciano caballero se siente viejo y desubicado en un lugar distinto al que ha habitado toda su vida, donde hay gente que habla otras lenguas y tiene otras costumbres que no entiende. Los dos chavales deben estar hartos de españoles que se meten con ellos por su color de piel o sus costumbres y enseguida se ponen a la defensiva. Entendía la situación, pero no supe hacérsela entender a ellos.

Y por un momento sentí que todo había sido en vano.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Prácticas

Durante la mayor parte de estos cuatro años de universidad siempre tuve algo de miedo a que la diferencia entre lo académico y lo profesional fuera demasiada. En parte, porque los propios profesores nos lo dicen ("es muy complicado entrar en el mercado profesional", "si haces un mal trabajo no volverás a trabajar", etc.), y en parte por miedos propios. El caso es que apenas he tenido oportunidad de hacer un trabajo de traducción o de interpretación más práctico. Al correo institucional llegaban ofertas de prácticas constantemente, y las dejé pasar todas. Pero finalmente me decidí, a finales de 2011, a pedir unas. No me llamaron hasta febrero, pero me gustaron las condiciones: prácticas desde casa, remuneradas, y sólo trabajo de traducción e interpretación pura y dura. Antes incluso de firmar el contrato tuve la oportunidad de enfrentarme por primera vez a a la interpretación: dos periodistas noruegos iban a entrevistar a un cargo de la empresa, y ni ellos sabían español ni él inglés. Y ahí me tenéis, con mi libretilla, buscando terminología, preparando glosarios de consulta rápida y quitando el polvo a mi guía de símbolos de interpretación. 

Fue bien, sudé mucho pero fue bien, y me contrataron. Traduje textos y más textos, algunos bastante largos y que suponían un reto por la gran cantidad de terminología. Muchos no estaban muy bien escritos que digamos. Algunos contenían gráficos y tablas que tenía que editar, y tuve que pedir ayuda a compañeros con dominio de los editores de imágenes. Asignatura pendiente para mí, me la apunto. Y aún tuve que hacer otra interpretación, esta vez en una reunión entre unas diez personas. ¡Y yo en medio, dirigiendo el tráfico verbal! Aquello sí que fue complicado, debido a las interrupciones que se producían, al fuerte acento de los participantes y al carácter más especializado de la reunión (mucho más que una entrevista de carácer general con unos periodistas). Pero una vez más, acabó siendo más fácil de lo que me esperaba y todo terminó bien.

Y aquí estoy, preparando los papeles para que me convaliden las prácticas y librarme de una optativa a la que no he asistido (si no me la convalidan, I'm pretty fucked). Y las prácticas duran hasta junio, así que todavía pueden llegarme más encargos, antes, durante o después de los exámenes. Veremos lo que ocurre. Entre tanto, seguiremos informando. Seguramente la próxima entrada sea sobre el doblaje de un juego, si consigo bajarme de nuevo la demo este fin de semana. ¿Quién dijo que lo laboral estaba reñido con el ocio?

Saludos


lunes, 19 de marzo de 2012

Interpretación consecutiva

El otro día tuve que hacer una interpretación, y a raíz de eso me ha surgido una duda: ¿qué es más conveniente, hablar en primera o en tercera persona? Está claro que en el caso de la traducción simultánea es más conveniente hablar en primera persona, fingiendo ser el orador, pero... ¿qué pasa cuando se trata de interpretación consecutiva, y la persona que emite el mensaje está a tu lado? ¿Qué va a pensar el receptor cuando le digas "Yo creo que..."? A lo mejor espera que digas "Él/Ella piensa que..." y le parece que lo que estás diciendo proviene de ti, como intérprete, y no del orador. ¿Existe el riesgo de crear confusión? ¿Qué opináis vosotros? La verdad es que durante la interpretación opté por la tercera persona: Ella cree que tal y cual, le agradece mucho su visita y espera que sus dos organizaciones sigan cooperando y bla bla bla.