BLOG SOBRE TRADUCCIÓN Y TODO LO QUE ABARCA, DESDE LA HUMILDE PERSPECTIVA DE UN ESTUDIANTE Y FUTURO TRADUCTOR NOVEL

domingo, 13 de mayo de 2012

Desaliento de la interculturalidad

Hola a todos. Desgraciadamente, no he sido capaz de descargarme la demo que iba a analizar, de modo que tenemos que cambiar los planes y hablar de otro tema. Ayer volví a mi casa en tren, y en el Cercanías viajaba un señor de cabello entrecano, sienes de plata como dirían los griegos. A mi lado estaban sentados dos personas de color (de color negro). Como sabréis todos los que tomáis el tren con cierta frecuencia, la tendencia de esas culturas es a hablar muy alto y muy fuerte. Lo cierto es que en España también hablamos escandalosamente alto, nada que ver con Portugal o Francia, donde el metro es un lugar silencioso como velatorio. 

Estamos ya cansados de estudiar en clase la interculturalidad, la mediación entre grupos con costumbres diferentes, la forma en que se puede conseguir que se entiendan mutuamente y no se produzcan conflictos. La esencia de la traducción y de la interpretación es poner en contacto mensajes o personas que sin nuestra ayuda nunca lo conseguirían, o al menos no sin sangre de por medio. Y es muy bonito todo, y salimos de clase dispuestos a mediar en un debate entre esquimales y aborígenes australianos. Pero lo que vi yo ayer era descorazonador. Allá va:

El señor entrecano increpó a los dos chicos para que bajaran la voz. Lo hizo con voz cansada y enfadada. Ellos no le entendieron en absoluto, sólo percibieron el tono de su voz, y empezaron a quejarse de que el anciano era un racista, que no los consideraba iguales a él. El señor, como es evidente en este triste relato, tampoco los entendía bien a ellos, así que les dijo que él por lo menos tenía educación. Siguieron intercambiando duras palabras que no entendían, y llegaron incluso a los gestos obscenos. Yo entendía a ambas partes, y no sólo lingüísticamente: el anciano caballero se siente viejo y desubicado en un lugar distinto al que ha habitado toda su vida, donde hay gente que habla otras lenguas y tiene otras costumbres que no entiende. Los dos chavales deben estar hartos de españoles que se meten con ellos por su color de piel o sus costumbres y enseguida se ponen a la defensiva. Entendía la situación, pero no supe hacérsela entender a ellos.

Y por un momento sentí que todo había sido en vano.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El paso de la teoría a la práctica siempre resulta doloroso...
De todas maneras, creo que si esa situación se hubiera dado entre tres personas del mismo color (blanco, negro, amarillo...) la situación no hubiera sido muy distinta. Por lo que describes me parece que entraba más en juego aparte de la lengua o el color de la piel, especialmente la diferencia de edad.
Esto de vivir en sociedad no es tan fácil... :)