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domingo, 24 de marzo de 2013

El núcleo del sintagma




El otro día estábamos en clase de portugués y nos surgió una cuestión: en una frase como La mayoría de los portugueses piensa que [...], ¿qué es lo correcto? ¿Piensan o piensa? En principio, se aceptan los dos casos. Todo depende de qué es lo que consideremos "núcleo" del sintagma, la parte principal, en torno a la cual gira todo lo demás. ¿Es La mayoría de los portugueses un tipo de mayoría, o un tipo de portugués?

Otros ejemplos serían: un grupo de, el 20% de, etc. Lo que voy a intentar demostrar es que este tipo de sintagmas son en realidad determinantes compuestos, una especie de "determinante perifrástico". 

Yo diría que la mayoría de no es muy distinto a otros determinantes como cuatro. A efectos sintácticos, lo único que hacemos es cuantificar un sustantivo, portugueses. ¿Qué diferencia sintáctica hay entre dos portugueses, casi todos los portugueses y la mayoría de los portugueses? Ninguna. De modo que el primer análisis:

la     mayoría   de los portugueses
det.   núcleo          adyacente

que pone a la mayoría como parte vital del sintagma, y a de los portugueses como un simple adyacente que se puede eliminar (no confundamos omitir con eliminar: omitimos por comodidad, cuando decimos la mayoría está a favor, pero eso no quiere decir que de los portugueses no siga por ahí oculto, listo para retomar el trono del sintagma, y con él, la concordancia con el verbo, en cuanto le dejen volver), estaría en mi opinión errado. El más correcto sería este segundo análisis:

la mayoría de  los  portugueses
       det.         det.      núcleo

así, este determinante compuesto se puede sustituir por otros (una parte de, cuatro, etc.), y se respeta la realidad sintáctica del sintagma: ¡el núcleo es el que es! 

Eso es todo, amigos. Volveremos pronto con más apasionantes cuestiones sintácticas.¡Saludos!

sábado, 9 de marzo de 2013

Ola k mal ablas - Capítulo 1





¡Inauguramos sección nueva! Todos sabemos que el idioma cambia continuamente, que es inevitable que las palabras cambien de forma, que es la lengua escrita la que debe adaptarse a la lengua hablada… Todo eso ya lo sé, pero quiero hacer una parada de emergencia. Quietos. Quietos todos. Poned en pausa el MP3, el vídeo de Youtube o lo que sea que estéis haciendo. ¿Ya está? Gracias. Hay ciertas cosas que están ocurriendo que ni yo puedo tolerar ni nadie debería. Y son éstas:

1 - “Al igual”: por alguna razón, se está extendiendo el uso de “al igual” para expresar rechazo: “Al igual me quedo en ese hotel tan sucio”. No. NO.


2 - “Rotundamente” / “en redondo”: ambas expresiones se pueden unir al verbo “negar” para darle un sentido de énfasis: “negarse rotundamente”, “negarse en redondo”. Lo que no se debe hacer es mezclarlas y construir nuestras propias expresiones, a saber: “en rotundo” y “redondamente”.


3 - El posesivo después de adverbios: para empezar, no es bonito que digamos decir “encima mío” o “delante mío”, pero ya el colmo de los colmos es convertirlo en “encima mía” o “delante mía” (y no digamos si el hablante ni siquiera es de sexo femenino). Lo correcto es “encima de mí” (eso dijo ella).


4 - Los artículos y las palabras que empiezan por “a”: cuando tenemos una palabra que empieza por “a”, como “hacha”, “arma”, “águila”, “agua” utilizamos en algunos casos los determinantes masculinos para evitar la cacofonía. De este modo, diremos “el hacha”, “el arma”, “el águila” o “el agua”. 

Lo que no debemos hacer es suponer que debido a esto, el género de esas palabras es masculino. Para comprobarlo, basta con añadir un adjetivo con género: “el hacha afilada” y no “el hacha afilado”, “el arma mortífera” y no “el arma mortífero”, “el águila voladora” y no “el águila volador” o “el agua salada” y no “el agua salado”. Además, este cambio de género en el determinante se lleva a cabo con el artículo determinado, que sólo tiene una sílaba. Si utilizamos un demostrativo, un artículo indeterminado o cualquier otro que tenga la sílaba tónica en otro lugar, no es necesario cambiar el género, ya que no se crea ninguna cacofonía. De este modo, resulta: “esta hacha”, “un/una hacha”, “esta arma”, “un/una arma”, etc. REPITO: este cambio en el género del determinante es una cuestión fonética, y de ningún modo se modifica el género de la palabra.

Hasta aquí el primer capítulo de nuestra nueva sección, hoy hemos tenido la inestimable colaboración de Teresa Ballesteros, amiga y compañera de carrera que regenta el blog Palabras x el mundo. Si alguien está interesado en compartir con el mundo los horrores más notorios de la lengua española, estoy abierto a las colaboraciones.

Saludos.