Siempre he pensado que la lengua portuguesa tenía un no sé qué
medieval, antiguo. Será quizá por culpa de algunas palabras, como filho (hijo), formoso (hermoso) o farinha (harina), que mantienen la "f" que nosotros hemos convertido en "h", o de otras
como pescoço (cuello), capacete (casco), calças (pantalones) o joelho (rodilla, posiblemente relacionada con la palabra hinojos). Los portugueses
conservan también el futuro de subjuntivo (nuestro “quisieres”, “vinieres", que tanto se relaciona con el castellano antiguo) y
lo utilizan con asiduidad. Lo curioso fue comprobar, gracias a algunos amigos,
que para los portugueses, el castellano también suena medieval a veces, como a
portugués antiguo. Y es interesante pensar que una lengua común a los dos
pueblos fue evolucionando de forma distinta en cada lugar: en Portugal, ciertas
palabras se mantenían en su forma original, y otras evolucionaban; en España,
ocurría lo mismo, pero no necesariamente con las mismas palabras. De forma que,
estudiando ambas lenguas en conjunto, podemos aprender mucho sobre esa lengua
originaria.
De la lengua portuguesa destaco tres elementos que me parecen
muy útiles en el discurso, algunos por su versatilidad, otros por presentar
mayor facilidad y menos excepciones que en el castellano.
En primer lugar, el infinitivo personal. En portugués, el infinitivo
se puede flexionar en la segunda persona del singular y la primera y tercera persona
del plural. Con ciertas construcciones (algunas preposiciones, por ejemplo),
resulta mucho más rápido y sencillo utilizar el infinitivo que el subjuntivo
(conjuntivo, en portugués). Me explico: en español podemos decir “para que
vengas” o podemos decir “para venir”. La primera forma deja bien claro cuál es
el sujeto de la acción, pero debe ser conjugado correctamente; la segunda forma
es invariable (y sencilla), pero el sujeto de la acción no está definido: no
sabemos quién viene. En portugués, tenemos una opción intermedia: para vires.
Es un infinitivo, y como tal no sufre ningún tipo de flexión verbal, pero el
sufijo es indica claramente que se trata de la segunda persona del singular.
Una forma verbal muy útil y cómoda de utilizar, si bien es cierto que al añadir
el futuro de subjuntivo se empantana todo un poco debido a la semejanza entre
ambas formas.
En segundo lugar, la expresión dar para y não dar para,
que tiene muchos significados: "ser suficiente", "tener aptitudes", "haber espacio"…
en general, establece la posibilidad o imposibilidad de hacer algo, gracias a
las características de la situación o de la persona (no es una prohibición externa). En español
podríamos utilizar “se puede”, pero su uso no es completamente simétrico. Esta
expresión portuguesa es muy breve y extremadamente polivalente.
En tercer lugar, la preposición a delante de los complementos
directo e indirecto. En español, tenemos un cacao tremendo en ese aspecto.
Cuando el complemento es un nombre de persona, siempre se incluye una
preposición a, incluso si se trata de un complemento directo. Ejemplos: "agarrar
a Juan", "vender a Pedro a los esclavistas", "mandar a Cersei a la mierda", "atender a los clientes"… Esto
provoca muchísimas confusiones a la hora de saber si un complemento es directo
o indirecto, y en consecuencia, si debe ser sustituido por “lo” o por “le”, lo
cual da pie al leísmo, laísmo y loísmo. En portugués, gracias a Dios, cuando un
complemento es directo, prácticamente nunca lleva una preposición: mandar
Cersei à merda, vender Pedro aos escravistas, atender os clientes, etc. Esto puede resultar confuso
al principio, pero no supone más que ventajas a la hora de aprender y hablar
portugués.

